miércoles, abril 04, 2018

De Visita en Guanajuato: San Miguel de Allende

No sé si es una gran casualidad o solo una impresión mía, pero ha ocurrido que visito un lugar en mis vacaciones y luego sucede algo que provoca que dicho lugar esté en las planas de todos los periódicos, en el radio y en las redes sociales.
El año pasado fue el infortunado caso de Juchitán, en donde estuve los primeros días de agosto, y poco más de un mes después ocurrió un devastador terremoto. Esta vez fui a conocer el pueblo mágico de San Miguel de Allende, y apenas un par de días estuvo ahí de visita mi admirada actriz Meryl Streep... ah, pero cómo me hubiera gustado haberla visto.
Y por si fuera poco, esta Semana Santa la autonombrada periodista de vida y conductora Fernanda Familiar participó en un incidente vial en el que aparentemente hubo un exceso de fuerza por parte de los policías contra una amiga de la conductora y su hijo menor de edad y todos fueron a parar a la cárcel.
Muchas personas atacaron a Fernanda, acusándola de actuar de manera prepotente e insultar a los policías que le impidieron el paso a una calle cerrada; aparentemente esto no fue así, pues ella se encontraba ya en un domicilio junto con sus hijos y la que iba llegando era su amiga, quien es la que aparece en un video que circuló ampliamente.
En estos días se han llevado a cabo protestas de parte de los comerciantes por la inminente instalación de parquímetros en sus calles. No hay duda que la población de San Miguel de Allende ha crecido de manera exorbitante, y si a eso agregamos la población flotante de turistas, este tipo de problemas serán el pan de cada día.

En mi caso, después de haber visitado al maestro Salvador Almaraz en Irapuato, tomé nuevamente la carretera en dirección a San Miguel de Allende, pues después de haber escuchado tantos comentarios tenía ganas de conocer este famoso pueblo mágico.
Ya estaba advertido: el año pasado mi amigo Lorenzo me platicó que se encontraba en un lugar cercano  por un compromiso de trabajo, y al terminar se dirigió a San Miguel de Allende... pero había tal congestionamiento de tránsito por las calles del pueblo que decidió regresarse por donde había venido.
Por poco me desespero yo también: apenas llegué tuve que dar vueltas y más vueltas intentando buscar un lugar donde estacionar. De pronto encontré uno: no lo podía creer.
Pero al descender del auto observé un señalamiento que no supe interpretar, así que entré a la galería de arte ubicada ahí y al preguntarle a la gringa, me advirtió que era una zona de descarga del hotel contiguo y que ni se me ocurriera dejar el carro ahí, pues vendrían los agentes de tránsito y le quitarían las placas. They will?, pregunté, y me reafirmó "Oh, yes they will dear". Así que continué dando vueltas hasta que conseguí un estacionamiento a varias cuadras de ahí.
Como me había comentado mi amigo Kim, San Miguel de Allende es "mexi-gringolandia". Esa tarde de sábado, la bella y arbolada plaza ubicada frente a la parroquia de San Miguel Arcángel estaba atestada... ¡de gringos! No podía creer lo que veía, por un momento pensé haberme teletransportado a algún pueblito de Illinois o de Florida, pero al voltear a ver a los vendedores de helados y globos, a algunos turistas como yo y la famosa iglesia no había lugar a dudas: estaba en México.
Recorrí las bonitas calles empedradas y al dar vuelta en una esquina, otra invasión gringa: decenas de gringos muy emperifollados hacían varias filas larguísimas a la entrada de un establecimiento. Y como no me gusta quedarme con dudas, pregunté de qué se trataba tal cumbiamba, y una elegante dama me informó que estaba a punto de empezar un concurso de ópera y había diferentes filas según la localidad adquirida. ¿Qué boleto compré yo? Ninguno, honey, yo solo estoy de paso...
Seguí mi recorrido, admirando la gran cantidad de negocios de todo tipo, en uno de ellos, me parece que Alcatraz, me quedé enamorado de una hermosísima hamaca verde con beige... su precio era de $2,600... tuve que dejarla pasar pues sé que puedo conseguir una igual de bonita a un precio muchísimo menor en Mérida o en Oaxaca. Esa que la compren los gringos.
Sábado de plaza en SMA.

Hay tanto qué ver en este pueblo mágico, desafortundamente el día había sido muy pesado y ciertamente caminar por estas calles empedradas bajo el fuerte sol es agotador. Además, me preocupaba saber cómo habían pasado el día Chucho y Logan en la habitación del del hostal Sintimón en Guanajuato. De modo que con los últimos rayos del sol emprendimos el regreso.
Al poco rato, transitaba por una estrecha carretera; a ambos lados, la oscuridad total. Después de mi intranquilidad inicial al adentrarme en terrenos desconocidos, disfruté el camino, que estaba en muy buenas condiciones, y poco más de una hora después llegamos a Guanajuato.

Al día siguiente, muy temprano, nos dirigimos a León, Guanajuato, pues ya estando por aquellos lados sería impensable no comprar cuando menos un par de zapatos. Después de desayundar en un Toks, visitamos el mercado, donde hay tantas cosas tan bien hechas que uno quisiera traerse todo.
Yo regresé con una buena chamarra para el próximo invierno, un par de zapatos de vestir, unos suaves guantes para manejar, dos gorras de cuero (¡$50 pesos c/u!) y hasta una maleta en la que metí a los perros mientras realizaba mis compras. Para regalar a la Liebre de Marzo en su cumpleaños me traje otra maleta más y dos carteras de las que les gusta mucho usar a las chicas.
Hubiera querido ir a conocer el centro, pero había que emprender el regreso para no llegar muy tarde a Monterrey.

Qué bello es el estado de Guanajuato, me gustaron mucho sus caminos y la cercanía entre sus diferentes poblaciones, donde hay tanto que ver. Creo que sus habitantes no deben aburrirse, pues sin invertir demasiado tiempo (ni dinero) pueden recorrer todo el estado; y no se diga trasladarse a puntos importantes como San Luis Potosí, Querétaro, Ciudad de México, Guadalajara, Morelia, Aguascalientes...
Quienes me conocen saben que me encantan los viajes relámpago, pero esta vez me quedé con muchas, muchas ganas de haberme quedado más tiempo y conocer un poco más de este bello estado. Y aunque no me gusta visitar dos veces el mismo lugar (pues hay tantos, tantos sitios que quisiera conocer), me parece que a Guanajuato sí regresaré.

miércoles, marzo 21, 2018

De Visita en Guanajuato: Salvador Almaraz, el último eslabón del muralismo mexicano

Sábado por la mañana. Nuevamente me pongo al volante del automóvil y tomo la carretera hacia Irapuato para cumplir la misión más importante de este viaje: conocer al eminente pintor, escultor y muralista Salvador Almaraz, el irapuatense que pintó para Fidel Castro.
A principios de año mi sobrino Héctor me había comentado sobre un viaje reciente que habían hecho él y Josefina su mujer (sobrina del artista) a Irapuato, y cómo habían quedado maravillados al admirar las obras que el maestro luce en los muros de su casa. En ese momento supe que tenía que ir a conocer al artista y su obra.

Fuimos recibidos por Ivonne Almaraz, la hija menor del maestro, quien es una gran conocedora de la técnica de su padre y es capaz de reconocer sus trazos cuando surge la duda sobre la autenticidad de alguna obra, pues el maestro ha estampado más de tres firmas distintas en sus pinturas a lo largo de su gran trayectoria.
Cómodamente sentado en su sillón se encontraba el artista Salvador Almaraz, quien se disculpó por no poder atendernos de mejor manera, pues convalece de una reciente caída; su fina manera de expresarse me hizo pensar que se estaba disculpando y nos invitaba a regresar en otra ocasión... sin embargo, no fue así, y además de permitirnos admirar su obra, nos ilustró con muchos detalles sobre la historia detrás de algunos de sus cuadros y murales.
Observé en uno de los muros una foto en la que aparecen el maestro, el expresidente Luis Echeverría Álvarez y Fidel Castro. Esto dio pie para que Salvador Almaraz evocara aquellos años que pasó en Cuba, en donde realizó varios murales a solicitud de Castro, quien lo consideraba un colaborador cercano y lo acompañaba en sus diferentes actividades.
El maestro comenta que Fidel Castro le ofreció que se quedara en la isla, en donde tendría trabajo y alojamiento seguros, pero él rechazó la oferta "porque extrañaba mucho mi tierra".
Uno de los muros lucen los retratos, realizados por Almaraz, de los muralistas Siqueiros, Orozco y Diego Rivera; en realidad son los bocetos, pues me informó Ivonne que los originales se encuentran en la residencia de Don Luis Echeverría, amigo personal de su padre.
Llamó mi atención otro estupendo retrato de la gran cantante mexicana Lola Beltrán... supe también por Ivonne que a ella le gustaba ensayar para sus conciertos en la casa donde vivió el pintor por muchos años en la Ciudad de México, y mientras ella ensayaba, el maestro Almaraz la pintaba; hay al menos dos obras: Paloma Blanca y Paloma Negra.
A lo largo de su fructífera existencia, el maestro conoció a grandes personajes del mundo del arte, la cultura y la política; nos regaló sabrosas anécdotas sobre Diego Rivera, Cantinflas y también sobre el Flaco de Oro, Agustín Lara; "ese sí era todo un caballero"; también recordó a presidentes como Adolfo López Mateos, quien era un gran mujeriego "pues era un hombre muy apuesto, con mucha presencia".
Almaraz nos comentó que él ha pintado los retratos de varios expresidentes, los cuales se encuentran en Palacio Nacional.
Evocó recuerdos muy antiguos de su niñez, como cuando le cortaba el pelo a sus hermanas para hacer pinceles y ponerse a pintar, pues no había recursos. También contó, con la voz emocionada, que su padre supo reconocer su talento desde sus primeros años y con mucho esfuerzo le pagó a un maestro de pintura para que le enseñara la técnica.
El maestro Salvador Almaraz nació con un don para plasmar en un cuadro no solo lo que veía con los ojos abiertos, sino también lo que soñaba; él mismo cuenta como muchas veces se levantaba a mitad de la noche y se ponía a pintar lo que minutos antes aparecía en sus sueños. Si alguien le pregunta qué significado tiene alguna de estas obras abstractas, él responde: "Yo qué sé, es simplemente algo que soñé".

Mural de la Identidad, en Irapuato, obra de Salvador Almaraz.
En sus retratos logra captar la auténtica esencia de la persona, aún sin conocerla; es por ello que los cuadros parecen tener vida y revelan una personalidad que desconocen hasta las personas más cercanas a los modelos.
Llamaron mi atención dos soberbios autorretratos, "ese es el verdadero reto de un pintor, ahí se pone a prueba su talento".
Sobre un caballete improvisado en la sala de su casa se encuentran unos cuantos bocetos en los que sigue trabajando este incansable artista, porque como él mismo dijo refiriéndose al arte: "esto no se acaba, es para toda la vida".
Gracias a la amabilidad de Ivonne Almaraz, pudimos entrar al espacio más íntimo del artista: su estudio. Cuántos bocetos, cuantas obras en proceso... admirando todo ello verdaderamente me sentí en un lugar sagrado y di gracias por la gran fortuna de estar ahí.
Con tanto talento, es difícil para mí comprender por qué la obra de Salvador Almaraz no ha tenido tanta difusión como la de otros artistas, aunque creo que se debe a la personalidad seria y discreta del maestro, siempre dedicado a su familia y viviendo una existencia totalmente alejada de la vanidad y el protagonismo.
Una buena noticia es que en fecha próxima una institución universitaria de la ciudad de León inaugurará un museo con una sala dedicada enteramente a la obra de Almaraz.

Un rato después, con una exquisita cortesía el maestro se despidió pues tenía que retirarse a descansar. Yo me atreví a preguntarle por qué no tenemos un mural suyo en Monterrey, pues los hay en países como Cuba y Chile, y en nuestro país en la Ciudad de México, Veracruz, Irapuato, y Saltillo (Palacio de Gobierno), a lo que me respondió: "Porque no me han invitado, invítenme y voy".
Y yo me quedo pensando...