jueves, abril 20, 2017

Mi Cuñada Vieja

Este lunes amanecí con la noticia del fallecimiento de Lupe, quien fuera la esposa de mi medio hermano Sergio (el mayor de todos mis hermanos).
Conocí a mi cuñada hace muchos, muchos años... cuando era yo un niño, pero ya después no la volví a ver.
Hace algunos años, gracias a la popularidad de las redes sociales, me puse en contacto con sus hijos e hijas, quienes publicaban fotos de ella. Se veía muy desmejorada y supuse que padecía alguna enfermedad severa, así que me dije que debía ir a visitarla algún día, pero no lo hice.
Sobran razones: siempre tengo mucho trabajo, nunca tuve mucho contacto con su familia, me daba flojera, le sacaba la vuelta a verla enferma... lo cierto es que ahora que ya no está lamenté no haber hablado con ella una vez más.

Tendría yo unos unos 8 o 9 años cuando Sergio fue un día de visita a la casa de mi mamá y me dijo que si quería irme a quedar a su casa, para conocer a mis sobrinos; yo respondí que sí. Mi mamá me dio permiso y al poco rato nos fuimos en su moto. Ah, cómo recuerdo la sensación de la velocidad, el aire en mi cara, el ruido ensordecedor... tenía un poco de miedo pero Sergio me había dicho que si me sujetaba bien no me iba a caer.
Pronto llegamos a su casa y nos dio la bienvenida su esposa, quien se presentó con unas palabras que nunca olvidaré: "Yo soy Lupe, tu cuñada vieja". Y ante mi cara extrañada, continuó, "Sí, yo soy la más vieja de tus cuñadas, por eso soy tu cuñada vieja". Y luego me presentó a mis sobrinos: el mayor de ellos, aunque era un poquito menor que yo, ¡me sobrepasaba en altura! Tres varones y tres muchachitas.
Ella les ordenó que me besaran la mano y que me respetaran porque era su tío... ay, pero qué incómodo me sentí, esa costumbre de besar la mano nunca la había visto yo. Pero para Lupe el respeto era un valor muy importante, así es que no podíamos contradecirla. Nos dio de cenar y al poco rato nos fuimos todos a dormir.

Al día siguiente, ya familiarizado con mis sobrimos, nos pusimos a jugar como lo que éramos: unos niños, y andábamos corriendo y jugando rudo en la casa, pero nuevamente Lupe los regañó: ¡Respétenlo, es su tío! Así que nos salimos a la calle a seguir jugando.

En otra ocasión que los visité, Abraham y Adán, mis dos sobrinos mayores, me preguntaron si sabía manejar moto, y cuando les respondí que no se sorprendieron mucho, pues a ellos los había enseñado mi hermano desde muy pequeños. Así que en ese mismo instante se pusieron a enseñarme; recuerdo que la teoría duró unos 10 minutos si acaso y enseguida vino el examen práctico.
Me subí a la moto, la encendí y arranqué... ¡lo logré! Qué fácil me pareció. Todo iba muy bien, y ellos corrían detrás de mi, gritando: "acelérele tío, acelérele" (casi teníamos la misma edad pero me hablaban de usted), así que yo aceleré y empecé a avanzar más rápido, pero de pronto me di cuenta de que no recordaba cómo se frenaba aquello y me puse muy nervioso.
¿Cómo le freno?, les gritaba, ellos trataban de alcanzarme y me explicaban, pero yo qué iba a entender...
Seguí mi loca carrera y más adelante estaba un terreno sin construir, con la hierba tan crecida que llegaba hasta la altura de una persona. ¡Salvación! Sin dudarlo, me fui directo hacia los matorrales y gracias a ellos pude frenar aquella máquina infernal. Me bajé de la moto, y hasta la fecha no he vuelto a subirme a ninguna otra.
Cabizbajos, regresamos a la casa, y qué cara de susto me debe haber visto mi cuñada que les puso una buena regañada a mis sobrinos. Qué culpa tenían ellos, si todo fue un juego de niños. Ah, pero mi querida Lupe no quería ver que me faltaran al respeto sus muchachos.
Descansa en paz, mi querida cuñada vieja.